La casada infiel

 

La mirada se me hace vacía, para honrar

Tu presencia allí, dónde estás.

Tengo los labios de amor ateridos

y en el hueco que forma al nombrarte

mi lengua tiembla, de memoria en deseo, por la tuya.

 

Mis mejillas trágicas como oráculos

inútilmente enrojecen, dulce…

lejos de tu espalda…

Donde estás fuera de mi sueño, se ha ido

mi aliento, atravesando este pecho/ que no

espera ya/ que no abrazaste.

 

Urgentemente

oírte… repetir…

aquellos versos de Federico

que conjuren el letargo de mis muslos

quiero…

Dame tu vientre.

 

¿Dónde están mis manos? ¿Dónde están mis manos?

 

 

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