El amor brujo

el de las velas, el amor de nochebuena

Es pura macana

Una estafa, una enmienda

Un eructo.

 

El amor que no se olvida, el que martiriza

Ese noble castigo

Una emplumada golpiza, una moneda

Para el linyera.

 

Odio ¡ese amor! cúlmine

¡Ese amor! condenatorio

¡Ese amor! veredictivo

¡Ese amor! predictivo

¡Ese amor! impune

¡Ese amor! conservatorio

Ah, ¡cómo lo odio!

 

Este amor que te tengo…

 

Prefiero el espíritu del cuerpo, la paradoja desapegada, la puntada en el costado de tus codos amanecidos con mística de equipo, y ceder a la agnóstica del tiempo, a cada esfuerzo y a cada día, por sobre los números y los aparatos, a la mañana, a las puteadas, contra el cielo, ese sol que ruge, ese parís que no paímos. Todo igual de natural, todo igual de humano… Hasta que oigo tu voz del otro lado.

 

Prefiero la prístina rosa…

 

Y del trabajo del amor no hallar solo signos.

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