Tango atrás


Un atardecer tedioso como de foto cursi (así son, aunque también se nos metan entre las hendijas de la carne y señalen, como una persiana con flojera, nuestras incertidumbres) embarró la luz y te adivinó con un aura el plumaje.
Pero tuviste que ponerte a cantar, habrase visto.
Así que nos hubiste delatado la posición del sueño, nos saludaron las alarmas, los gestos, las manías de lavar la conciencia. En un rincón del frío, rociaba el miedo, en otro rincón del ardor, la mala espina. Caramba, tanta complicación. Vos tenés alas y así te va, saltando de uno en otro filo. Pero no es así la vida, no es así.

Después del amanecer desperté y como si nada. La distancia entre un sitio vivo y una defensa muerta era una simetría descompuesta, un verde herido de cielo, una

luz inocenciada. Luz, ella que buscaba las raíces en el humus putrefacto y le dolías.



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