Esperaron que habiendo parido tus músculos airosos y emplumados, no volaras, encima; que en el colmo de tu alardeo, no te enamoraras por el bramante hasta el barrilete y cayeras a tierra, así, como haciendo maza. Esperaron y esperan aún que no devores el juego y que atiendas insectívora el negro fondo; que el sol en los cristales no sea para tanto, que la letra demude en galimatías brumosos.
Eso se llama dejar a los tiempos plantados.